Colombia: Un país subdesarrollado en vía al subdesarrollo

 
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La división maniquea del mundo entre países “desarrollados” y “subdesarrollados” es uno de los tantos mitos usados para tapar el sol con un dedo: Los llamados países “desarrollados” avanzan desangrando a los “subdesarrollados”, los cuales se quedarán así a perpetuidad a menos que camben radicalmente su modo de producción y de opresión mantenidos por siglos.

Colombia: Un país subdesarrollado en vía al subdesarrollo

Colombia no podía ser la excepción, con severos agravantes. El subdesarrollo material también implica un subdesarrollo mental, y según parece, grandes sectores de la clase dominante y de la población colombiana permanecen a puertas de la Edad Media, respirando todavía los vapores de la Inquisición y con la mentalidad precapitalista de los españoles, adversos ellos al trabajo, pero muy proclives al enriquecimiento rápido.



Lo que hoy es el territorio colombiano fue colonizado por otro país subdesarrollado, llamado España, que impuso todas las taras de pensamiento que hoy mantienen a Colombia en el oscurantismo. En la España que colonizó a América prácticamente no había habido un Renacimiento cultural, no conoció ninguna revolución científica y la iglesia era el factor dominante, con su mentalidad acientífica, opresora y terrateniente que continúa hasta nuestros días.

En América no hubo una conquista sino una invasión, y por un reino que traía en sí todas las cosas malas de la civilización europea: Racismo, un odio perverso por negros, judíos, musulmanes, que por defecto se haría extensivo a los indígenas americanos; el lastre de una religión que más que religión parecía un culto al demonio de la intolerancia, producto de la Inquisición y arma del colonialismo. La religión crearía un efecto retardatario que casi 5 siglos más tarde todavía hace eco en los pasillos del Congreso colombiano y en aquella parte de la población que se escuda en preceptos medievales para justificar sus propios prejuicios. Si a esto le añadimos un modo de producción paradójicamente improductivo de una sociedad en que los nobles y los curas se habían apoderado de las mejores tierras, sacándolas de la producción y alimentando un modo de vida parasitario, deforestando de paso la tierra y creando territorios áridos e infértiles, tendremos la fórmula perfecta para sentar las bases del subdesarrollo. Todo esto sería reproducido en América, donde los españoles, además de acabar de una manera genocida con la población nativa, también se dedicarían al ecocidio, arrasando con bosques, aguas y montes, para dedicarse a sus primitivos métodos agrícolas que terminarían creando verdaderos desiertos.

En la España de los siglos XVI y XVII abundaban más los clérigos que los trabajadores y además, la sociedad estaba orientada a mantener un status, una apariencia y un estado cuya única función era vivir de unos impuestos cada vez más altos y prohibitivos. Con el aniquilamiento de las culturas indígenas de lo que hoy es América Latina empezó nuestro subdesarrollo al convertirnos en un espejo de un sistema disfuncional que desechó y destruyó los grandes adelantos científicos, económicos y culturales de toda una civilización y que a cambio nos inoculó con el virus del subdesarrollo mental y material.

En la España del siglo XVII, el Fondo Monetario Internacional de la época, es decir, la monarquía, era la encargada de recargarles los impuestos a las clases media y baja para poder seguir viviendo ellos en ocio y de devaluar la moneda de una forma muy sui géneris: Cuando la deuda monárquica del siglo XVII se hizo impagable, el estado en vez de acuñar monedas de plata empezó a acuñar monedas de cobre, lo cual creo una gran inflación, los precios se elevaron un 40% y la gente arruinada en los campos tuvo que migrar a las ciudades. Cualquier parecido con la realidad actual es más que parecido.

Hoy en día, Colombia es un vivo ejemplo de la mentalidad subdesarrollada de la España que nos conquistó: no hay desarrollo industrial, se practica una economía extractiva, no hay investigación científica y hay un desprecio total por el medio ambiente, lo cual terminará llevándonos a una verdadera tragedia humana y ecológica con la depredación del medio ambiente y el agotamiento de los recursos de agua.

Los colombianos no parecen querer ver lo que tienen ante sí, Colombia carece de las cosas más elementales para que haya desarrollo: no hay carreteras suficientes y las que existen parecen haber sido trazadas en épocas de la colonia, siendo simplemente caminos de herradura pavimentados por los que escasamente cabe un carro a la vez, sometidos a una fila india perpetua y a los peligros que esto conlleva. Colombia se ufana de tener mil kilómetros de carreteras pavimentadas de doble carril, mientras que en los EE. UU., por ejemplo, hay más de 4 millones de kilómetros de vías y unas 50 mil millas de carreteras de varios carriles que mueven transporte de personas y carga por todo el país. En Colombia, los trasportadores han marcado nuestro subdesarrollo, gracias a su avaricia personal: acabaron con los trenes, ejercieron un monopolio total en Bogotá para que nunca se desarrollara un sistema de metro y fuera de eso suprimieron lo que servía, tal como el trolley y el antiguo tranvía.
Colombia nunca va a ser competitiva en el mercado internacional mientras las oligarquías controlen su (sub)desarrollo. Basta con ver que es más barato mandar una tonelada de carga de Colombia hasta la China de que de Bogotá a la costa. Alguien se está enriqueciendo con esto y no es precisamente el pueblo colombiano.

En el terreno del pensamiento obsoleto, Colombia cuenta con unos funcionarios públicos, como el Procurador, y un Congreso al servicio del oscurantismo. Como si fuera un Torquemada, el Procurador hace lobby en contra de la paz y del matrimonio gay, ya que este tipo de personajes se alimentan de la guerra perpetua y del odio, tal como lo hicieran los españoles en el momento de la mal llamada “conquista”. El Congreso no aprueba el matrimonio igualitario dizque porque el sexo es para procrear, la doctrina medieval de la iglesia católica que ignora que miles de millones de seres humanos no utiliza el sexo para procrear sino de una manera recreativa. Cabría la pena preguntar a todos los curas pederastas si estaban tratando de procrear cuando violaban a niños menores de edad. Ni la iglesia misma se escapa de lo que dice querer combatir, ya que los miembros del clero tienen reprimida su sexualidad de manera completamente innatural gracias a las obsoletas doctrinas de la iglesia.

El obsoleto sistema político, económico y cultural colombiano perpetúa todas las taras que garantizan que Colombia siga siendo un país subdesarrollado a perpetuidad. Al igual que en la España que nos colonizó hace siglos, se sigue con la mentalidad de acumulación de riqueza fácil, ya sea robando al estado o dedicándose al narcotráfico; la oligarquía al igual que los nobles españoles, está más interesada en mantener su status y demostrar su poder y su riqueza que en buscar el bienestar común; y la iglesia sigue siendo el factor dominante a nivel ideológico con curas y prelados manifestándose en contra de vivir en un país más humano, donde se reconozcan los derechos de todos los colombianos y no solo de unos cuantos privilegiados, como en las épocas del oscurantismo.

Mario Lamo Jiménez
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