¿Por qué hay gente que se mantiene flaca sin hacer dieta?

 
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Una situación curiosa, aunque no rara, es escuchar que alguien cuenta sus dificultades para “hacer dieta” creyendo que quien come de todo no para de engordar. Pero si miramos a toda la población, comprobaremos que casi la mitad de las personas no tiene exceso de peso y no hace ninguna dieta en particular.

¿Por qué hay gente que se mantiene flaca sin hacer dieta?

El que tiene facilidad para engordar se refleja en sus pares y ven el vaso medio vacío, cuando la actitud más positiva sería ver el vaso medio lleno, formado por los que parece que han bajado de peso y comen de todo sin engordar, para tratar de estudiarlos y tal vez de imitarlos, ya que son tan felices como cualquiera.

Esta situación es muy frecuente en la salud. Hay muchas personas con dificultad para controlar la presión arterial elevada, el colesterol alto, la diabetes o algunas otras enfermedades que pueden depender del estilo de vida. Pero también hay otras que lo han logrado. Sería interesante pensar que es buena idea copiar a los exitosos en lugar de mimetizarse con los que padecen lo mismo que nosotros.

En el caso de la obesidad la base del problema está en la actitud, que marca a fuego la relación entre el individuo y la comida. Por lo tanto vale la pena contagiarse de los sentimientos que tiene un flaco a la hora de tomar sus decisiones con los alimentos. Entonces, vamos a estudiar a los flacos.

El flaco nunca está apurado por comer. Si tiene hambre come y si no tiene hambre no come. Para eso hay que dar el primer paso: escuchar a nuestro cuerpo para reconocer la verdadera sensación de hambre. Hay diferentes técnicas, como por ejemplo hacer un ayuno prolongado e ir anotando las señales que nos mandan nuestros órganos. Una pista: poner atención a los ruidos de nuestro aparato digestivo.

Al flaco no le gusta “todo”. Tiene un par de comidas preferidas, unas cuantas aceptables y otras inaceptables. Es decir, tiene una escala de valoración, hay alimentos que merecen un 10, algunos merecen un 7 y otros no llegan ni al 4. Desarrollar una escala de valoración ayuda a manejar las emociones que despiertan las comidas.

Para un flaco el gusto de un plato depende mucho de la preparación. Frases históricas que alguna vez me contaron en el consultorio: “nadie hace el pollo al horno como lo preparaba mi abuela, pero que mi madre no se entere”, “daría cualquier cosa por un helado de dulce de leche con pedacitos de chocolate” y una insólita para un gordito: “la mantecosa me pierde”, hablando sobre la lechuga. Para incorporar alimentos que pueden ser deseables por aportar menos calorías, es interesante pensar cómo prepararlos para que nos guste más antes que descartarlos. Puro pensamiento positivo.

Si el flaco se engancha en algo, se olvida de comer. No importa si es el trabajo, una serie kilométrica, una chica o chico con buena conversación o la play station. Siempre puede encontrar algo que le haga olvidar de la comida. La utilidad de esta observación es que podemos explorar con inteligencia la forma de olvidarnos de comer. Responder a la pregunta: ¿qué te gustaría hacer si no hay nada para comer? puede ayudarnos a tener varias alternativas, nunca menos de 5, para saltear comidas de tanto en tanto. SI: saltear comidas, no es un error, las personas flacas hacen menos comidas que las personas gordas. Lo siento pero la evidencia es contundente.

Cuando un flaco come “de más”, una forma común de expresar que se siente lleno y eso no le gusta, simplemente compensa comiendo menos en la comida siguiente por que no tiene ganas de seguir comiendo, se siente “lleno” y esa sensación es desagradable. Reconocer esa sensación de plenitud ayuda a decir basta y compensar en la comida que viene. Es sumamente útil conocer los propios niveles de “hambre” y de “saciedad”, algo que el flaco hace intuitivamente.

Observar a ese bicho raro que es el flaco puede ser útil. Además no es tan raro, ya que casi la mitad de la población cae en esa categoría, y no son tristes ni están deprimidos ni sufren por su delgadez. Son el vaso medio lleno que disfruta la comida pero en una proporción interesante con los otros placeres terrenales incluyendo la diversión y la alegría sin preocuparse por hacer dietas.

Fuente: www.clarin.com
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