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RODRIGO DUTERTE PRESIDENTE DE FILIPINAS:

EL CASTIGADOR DE GATILLO FÁCIL...

“EL CASTIGADOR” DE GATILLO FACIL CONTRA LA DROGA LA DELINCUENCIA Y EL TERRORISMO…

Por: Santiago Oreggia

Cuando Rodrigo Duterte ganó las elecciones a la presidencia en Filipinas en junio de 2016, frente a 600.000 personas que lo aplaudieron a rabiar dijo:

-“Los mataré. Si destruís a la juventud del país los mataré”.

Se refería, específicamente, a los narcotraficantes y también a la milicia islamista radical Abu Sayyaf que ha cometido actos terroristas en el sur del país.

Duterte continuó. Dijo que:

- Quien entregara vivo o muerto a un traficante o consumidor de drogas recibiría 1000 dólares de recompensa.

Rodrigo Duterte de 72 años, abogado, quizá su gusto por la política sea una herencia.

Su padre fue Alcalde de la ciudad de Danao y Rodrigo siguió sus pasos.

Duterte fue alcalde de Danao durante 22 años en tres períodos diferentes (1988-1998, 2001-2010 y 2013-2016).

Por sus políticas, y su discurso, desde entonces todos en Filipinas lo empezaron a llamar ‘El castigador’.

Duterte aseguró públicamente “ que con su propia mano mató a decenas de delincuentes mientras fue Alcalde”.

-En Davao solía hacerlo personalmente, solo para enseñarles a los muchachos, a los policías que, si yo puedo hacerlo, ellos también pueden.

Yo iba por Davao con una gran moto y patrullaba las calles buscando dónde había problemas. Lo que de verdad estaba buscando era una pelea para poder matar.

Mientras Duterte fue Alcalde se organizaron varios grupos armados paramilitares que asesinaron a por lo menos 1000 personas que quedaron reseñadas como ‘presunto’ narcotraficante o delincuente.

Arturo Lascañas, un exagente de la Policía Nacional, aseguró incluso ante el Senado que Duterte era “el cerebro de esos asesinatos”.

Davao, que tiene una población de un poco menos de 2 millones de habitantes, registró con esta política de la muerte una ostensible disminución de la criminalidad.

Por lo menos ese era el discurso oficial y nadie podía contradecirlo.

Hay denuncias de ejecuciones a opositores del gobierno.

Desde el inicio del mandato Duterte en la presidencia de Filipinas, en junio de 2016, “la Policía mató a 2.086 personas en operaciones contra las drogas.

Otras 3.800 personas fueron asesinadas por individuos no identificados”.

Y es que la promesa de Duterte, las recompensas para quien asesine a un delincuente o narcotraficante, se está cumpliendo.

- Si conocen adictos a las drogas, mátenlos”, ha dicho en radio, prensa y televisión, sin temor alguno de que la justicia lo procese.

Según Duterte, “para acabar con la pobreza hay que erradicar el crimen.

Pero para ello hace falta saltarse a una justicia ineficaz y corrupta y ordenar a las fuerzas de seguridad la eliminación de los criminales”.

Justamente eso, la promesa de una mejor calidad de vida y un país libre de delincuencia, garantizó su triunfo contundente en las elecciones.

Obtuvo el 40 % de los votos. El segundo, Max Roxas, el 23 %. La ventaja de Duterte sobre su principal contendor fue de 6,6 millones de votos. Por supuesto no hubo opción de segunda vuelta. El discurso guerrerista parece dar resultados en todo el mundo.

Durante la campaña Duterte dijo cosas como esta: “Olviden las leyes sobre los derechos humanos; si es necesario rómpanlas”.

Y entre sus propuestas está imponer de nuevo la pena de muerte por ahorcamiento, abolida en Filipinas en 2006, y disminuir la edad penal a 9 años. Es decir: los niños que cometan delitos o sean utilizados por las bandas podrían terminar en la cárcel.

Según las cifras actuales del gobierno, “gracias a la mano dura” la delincuencia se ha reducido en un 49 %. La aprobación de Duterte supera a su vez el 70 %. Se siente, entonces, superpoderoso.

La Arquidiócesis de Filipinas emitió un comunicado al respecto: “Una causa de preocupación es la indiferencia de muchos hacia este tipo de comportamientos (del presidente). Se considera que es normal, o incluso peor, algo que es necesario hacer”. Es decir: muchos en Filipinas están de acuerdo con la manera de actuar de Duterte. Lo ven como un héroe.

Según la Arquidiócesis, además, las operaciones contra la droga en el país han dejado “7000 asesinatos de supuestos consumidores o traficantes en menos de un año”.

Unos 1000 muertos por mes.

Duterte, en todo caso, quien dijo haber sido abusado por un sacerdote durante su adolescencia, no parece importarle mucho la posición de la Iglesia:

“Yo os desafío ahora, desafío a la Iglesia Católica, estáis llenos de mierda y todos apestáis, a corrupción y a todo”, dijo.

Y anunció que la policía será reforzada con las Fuerzas Armadas “para seguir luchando contra las drogas”.

Alguna vez, también dijo: “Hitler masacró a tres millones de judíos. Ahora hay aquí tres millones de adictos. Me gustaría masacrarlos a todos”.

Filipinas podría restablecer pena de muerte.

El presidente Donald Trump invitó a Washington a su colega de Filipinas, Rodrigo Duterte como parte de una estrategia regional que empezó la Casa Blanca para cercar diplomáticamente a Corea del Norte, país con el que crecen las tensiones por el desarrollo de su programa nuclear militar.

Pero no se trata de cualquier invitado. Duterte es un hombre criticado internacionalmente por -entre otras cosas- la encarnizada lucha que lleva adelante en su país en contra del tráfico de drogas y en la que se apilan las denuncias por abusos a los derechos humanos.

Eso, sumado a sus comentarios irrespetuosos hacia las mujeres y sus insultos al Barack Obama, cuando aún ejercía la presidencia, hacen que muchos vean con asombro la decisión de la Casa Blanca de vincularse con un gobernante que ha amenazado personalmente con "matar" a quienes considera delincuentes.

A la hora de las clasificaciones ideológicas, el mandatario filipino, de 71 años, puede ser entendido es un populista ecléctico, que se define a sí mismo como un socialista. De hecho, e partido que lidera, el Demokratiko Pilipino-Lakas ng Bayan, tiene inclinaciones de izquierda.

Pero en su gestión, el mandatario aplica políticas con motes de derecha, como en la lucha contra el narcotráfico.

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Emma Díaz
Lo que es de extrema izquierda siempre es malo...bueno, igual cuando se trata de la extrema derecha...
 
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