LA MISOGINIA DESDE TIEMPOS ANTIGUOS: CACERIA DE BRUJAS O LILITH EN CIERNES

 
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En nuestra postmoderna era de control social de los comportamientos podemos analizar el efecto de la misogonía desde atavicos tiempos.
La cacería de brujas coincide con el surgimiento de la ciencia. Desde el final de la edad media, el renacimiento y hasta el siglo XVII, la ciencia excluyó a las mujeres. La asociación entre la libertad sexual femenina con la idea del mal, viene de la idea del pecado como el sexo, una obvia/mala exégesis de la Biblia. De igual forma, las nodrizas fueron acusadas de brujería, y prueba de ello son las acusaciones de Ausburgo, donde se dijo que las enfermedades o malestares de los niños, durante los siglos XVI y XVII eran producto de las brujas. Las llamadas “brujas” ejercían el control de la natalidad y Gunnar Heinshon y Otto Steiger sostienen que el conocimiento de la fertilidad fue suprimido con la persecución y ejecución de las parteras, las cuales usaban hasta 200 métodos anticonceptivos diferentes. Los magos y/médicos no atendían al pueblo, sólo las curanderas. La magia “baja”, las curanderas y hechiceras fueron condenadas a muerte. En cambio, la magia “alta”, de los nigromantes, astro logos y alquimistas no fueron afectados.
Dentro de otras cosas, se usaba el cornezuelo para aliviar el dolor de parto y apresurarlo; la belladona para evitar el aborto; la salvia como antiespasmódico, la azucena como antiinflamatorio, el perejil como diurético y reducción de hinchazones, fueron algunos de los remedios usados por las curanderas, que eran los verdaderos médicos de la época.
“Malleus Maleficarum” es un libro inquisidor sobre la “brujería”, fue escrito por los dominicos Heinrich Kramer y Jacob Sprenger.
Hubieron hasta 60 mil ejecuciones de “brujos”, mayormente mujeres.
Muchas mujeres procesadas por supuestos actos de brujería, eran, en realidad, curanderas: Doctoras antiguas o parteras (según las actas procesales de los “juicios”), porque atendían partos, embarazos, curaban la impotencia masculina y femenina, daban anticonceptivos, y practicaban abortos. Eran las ginecólogas de la época ante la misógina ignorancia de la sociedad.
Las aportaciones de las mujeres han sido extraordinarias:
María, la judía, creadora del balneum Mariae (Baño María) fue una de las grandes científicas de la época.
En su libro “María práctica”, la autora describe la destilación y sublimación tribikos y el kerotakis, que era para ablandar metales e impregnarlos de color. El baño María se usa para mantener alimentos u otros, a temperatura constante o calentar lentamente. Las “wise woman” eran las sabias sanadoras, que curaban con hierbas y unturas.
Sin embargo, esta misogonia que llevó a la cacería de brujas por así convenir a los grupos de poder, solo reflejaba la ignorancia de la gente y fue el combustible para quemar a quienes temían.
Es como si aquella Lilith de la tradición judía, todavía intentara cohabitar con Adán para desviarlo del sendero del bien, y fomentara la superstición y el conocimiento falso.
La mujer ha sido y es presa de la visión reduccionista que ensalza al varón, cuando existe una igualdad inherente entre ambos sexos.
Las hogueras solo se modernizaron y se traducen en prejuicios, violencia y en dejar a las féminas en un papel insignificante, en lugar de darles el lugar del vaso más frágil, que puede iluminar con su luz esplendente, al mundo, quitando las tinieblas de la ignorancia.
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