Almas Gemelas
Amor en su máxima expresión en ocasiones con kármica lección…
© Andrea Weitzner
Decía por ahí en uno de sus diálogos Platón, que todos los seres Terrenales tenemos almas gemelas; en el amor, la amistad, la vocación.
Para mí, la conexión de alma gemela resuena tanto en el plano amor romántico y amistad, como en las conexiones profesionales, seres con quienes hemos colaborado de antaño… Se siente así de familiar, pre-destinado, correcto e inexplicable a la vez, pues esto lo puedes saber desde el plano intuitivo en instantes, cosa que desde la lógica nunca lo podrías entender.
Creo que estas conexiones del alma se dan en múltiples planos y con múltiples personas —aun aquellas con quienes hayas hablado una sola vez en tu vida. Los eternos re-encuentros, cuyo objetivo es hacernos vivir una experiencia de aprendizaje, desde muy placentera hasta dolorosamente repetitiva…
Estos reencuentros, más allá de ser acerca de las personas, es acerca de las lecciones, los espejos, que reflejan nuestra sombra de regreso...
Claro, para entrarle a la lección, viene el amor romántico como seducción pues, sin éste, ¿quién realmente le entraría a este trabajo tan intenso? El amor romántico tiene la función de atraer con el propósito, entre otros, de preservar la especie; mas es una fase, un preámbulo al aprendizaje. Pero como la noción popular es solo la noción del soul mate, compañero del alma romántico, con todo su mitificado mariposeo y happy-ending hollywoodense, la mayoría de la gente intenta inútilmente “rescatar” esa química inicial y, al no lograrlo, termina la relación, solo para ir tras la siguiente, en donde ocurre exactamente lo mismo.
Existe la noción de que el alma gemela es esa “mitad que nos completa”; para mí, no es acerca de completar, sino de complementar, pues he visto a seres, Teresa de Calcuta como ejemplo, quienes no tuvieron esa “media mitad”, y sus vidas fueron más que plenas y completas.
Para mí, el soul-mate connection —la conexión del alma—, se refiere a una conexión antaña, profunda, trascedente, con alguien que se sentiría como una extensión de uno mismo, que nos complementa, mas no nos completa, ya que completos y enteros ya somos, pues solo desde esta plenitud podremos ser ese gran compañero del otro.
La idea de que solo hay un soulmate —alma gemela— para mí no resuena. He tenido la fortuna de conocer a varias durante este viaje gitano que llevo en la Tierra. He tenido la dicha de re-conectar en algún congreso solo para decirnos eso, “qué gusto reconocerte” y despedirnos, pues al menos en este viaje, ellos ya venían compartiendo el vagón con otra persona.
Así que esos encuentros de alma gemela pueden ser longevos o pasajeros, con amores, amigos o compañeros. Es ese reconocimiento, ese: “cómo quiero a esta persona”, aunque lleves instantes de conocerle. Es una química muy profunda, compleja y sencilla a la vez. Estar con esa persona se siente así de natural — telepático incluso.
Sueles compartir fechas y/o acontecimientos importantes, marinados en una afinidad indescriptible y logrando sacar, como pocos, nuestro mejor y nuestro peor lado.
Desde luego, también creo en ese soulmate, ese gran compañero romántico que puede llegar y quedarse durante todo este viaje llamado vida. Esa persona de la que te enamoras, y con quien te abres a la vulnerabilidad de ver tu sombra y actos fallidos, y así hacer de este viaje una experiencia más rica y más llena de sentido.