Club Deportivo Ferroviarios de Chile: Cien años en el corazón

 
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Por José Antonio Lizana Arce.

Club Deportivo Ferroviarios de Chile: Cien años en el corazón

A Ferrito lo siento más como un familiar, que como un equipo de fútbol y puedo decir que el Estadio y la Maestranza de San Eugenio fueron mis primeros hogares, porque nací en el barrio y porque soy hijo de ferroviario.
La primera vez que fui a una cancha de fútbol fue a la de la Avenida Ramón Subercaseaux con San Vicente. Los recuerdos de mis primeros años de infancia pertenecen a ese lugar, antes que al Estadio Nacional o al Santa Laura. Ahí grité los goles a todo pulmón y lloré hasta que más no pude en el tablón.
A mi viejo no le gustaba el fútbol, pero tenía una inconmensurable gratitud por su “madre-empresa” de Ferrocarriles y por el equipo que representaba a los tiznados. En sus tiempos libres se dedicaba a arreglar las luminarias de los accesos y a pintar de negro y amarillo la tribuna oficial del recinto inaugurado en 1941. También era jefe de barra y se encargaba de gritar todos los domingos el clásico “Efe con E”.
Los hinchas más antiguos nos contaban que Ferroviarios se consagró campeón de la división de honor amateur los años 1947, 1948 y 1949 y que así obtuvo el ascenso a la primera división de la Asociación Central de Fútbol.
También relataban que el último clasificado de primera división de 1949, el Bádminton, se negó a descender aduciendo un acuerdo extraoficial que dictaba que los equipos que habían fundado la primera división en 1933 no perderían la categoría. Asimismo, que la Asociación Central de Fútbol acogió el reclamo de Bádminton cancelando el descenso y que Ferroviarios también reclamó su derecho a ascender. Repetían una y otra vez que los dirigentes de Bádminton propusieron una fusión entre ambos clubes bajo el nombre de Ferrobádminton, la cual fue aprobada por la ACF el 23 de febrero de 1950.
La amalgama entre Ferro y Bádminton lograría campañas más que aceptables en los campeonatos de los años cincuenta. Un periodo donde se fortalecieron otras ramas deportivas de la institución como el hockey, el atletismo, las pesas y la natación. Los socios alcanzarían los 14.000 en 1959. Algo impensado para hoy, en tiempos en que las sociedades anónimas miran al hincha como cliente. En 1967, el Tiznado dejó la Primera División y en 1969 se separó del Bádminton para retomar su camino.
En 1972 rasguñó el retorno a la división de honor con el gran Leonel, el “Pluto” Contreras y el “Fifo” Eyzaguirre. Sin embargo, en 1983, vendría el descenso a tercera división y en 1987 a cuarta división.
En 1991 recuerdo un partido infartante con el Chiprodal de Graneros en el que se hipotecó la posibilidad de subir a tercera. Lo viví, lo sufrí y lo lloré en la galera corroída del “Hugo Arqueros Rodríguez”. Cómo podría olvidar los viajes a Rengo, a Curacaví, a Graneros y a otros tantos lugares donde, además de disfrutar del paisaje, estreché la relación con mi papá.
El viejo estadio ya no está y mi padre tampoco, pero igualmente soy hincha del Ferrito y aunque muchos me miren como un bicho raro y otros me pregunten ¿y todavía hay fanáticos del Ferroviarios? Siempre les diré que el paso del tiempo y las vicisitudes de la vida no borran los sentimientos y los colores del equipo que uno tanto ama.
En este centenario del club puedo decir que el “Ferrito” no es una moda, sino algo que se lleva en la sangre. Nací en el barrio San Eugenio y crecí entre los rieles de la Maestranza y el pitar de las locomotoras. A mucha honra digo que soy hincha del tiznado, pero también soy un hincha del fútbol que abraza a las suyos cuando gana y que tiene la capacidad de felicitar al rival cuando pierde. Esas enseñanzas me la entregó mi viejo y como el amarillo y el negro, siempre las llevo en el alma y en el corazón.









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Comentarios más recientes
Juan
¡Qué conmovedora historia!
 
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