Este domingo se instaló formalmente la Asamblea para la conformación del Frente de Artistas contra el Imperialismo y el Fascismo, en un acto que combinó memoria histórica, reflexión política y definición estratégica. La jornada inició con un homenaje y un minuto de silencio en honor al periodista y comunista Jorge Meléndez (17 de diciembre de 1944 – 14 de febrero de 2026), cuya trayectoria fue recordada como ejemplo de coherencia intelectual, compromiso social y defensa permanente de la verdad frente al poder.
La asamblea no se planteó como un evento cultural aislado, sino como un punto de inflexión organizativo. Participaron creadoras, creadores, periodistas, promotores culturales y militantes comprometidos con la defensa de la soberanía cultural y la libertad de expresión. El consenso fue claro: el arte no puede permanecer neutral frente a los procesos de dominación simbólica y política que atraviesan nuestra época.
Durante su intervención, el camarada Eduardo Hernández sintetizó una tesis central: el arte es libertad, creación, ciencia y unión. No se trata únicamente de estética, sino de una fuerza transversal que articula imaginación, conocimiento y cohesión social. El arte, afirmó, constituye un espacio de autonomía donde la subjetividad se expresa sin censura y donde las voces marginadas encuentran visibilidad. Es creación en tanto capacidad humana de reinventar realidades; es ciencia en cuanto comparte con ella la curiosidad y el asombro por comprender el mundo; y es unión porque funciona como lenguaje universal que conecta generaciones y culturas más allá de fronteras.
Desde esta perspectiva, la organización de un Frente de Artistas no responde a una consigna coyuntural, sino a una necesidad estructural: defender el campo cultural como territorio de disputa política. La batalla contemporánea no se libra únicamente en los parlamentos o en los mercados, sino en el terreno de las narrativas, los símbolos y los imaginarios colectivos.
En ese marco, el dirigente Raymundo Rivera Lopeztiana, subrayó que la asamblea representa un punto de encuentro entre memoria y porvenir. Señaló que dejar el mundo mejor de como lo encontramos no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos, sino una tarea histórica de la cultura organizada. Cuando el poder endurece su lenguaje, dijo, el arte lo humaniza; cuando la violencia pretende normalizarse, el arte la denuncia; cuando el miedo busca disciplinar conciencias, el arte las libera.
El mensaje fue estratégico: ningún régimen autoritario teme tanto a las armas como a las ideas. El fascismo no inicia con botas, sino con silencios; el imperialismo no se sostiene solo con ejércitos, sino con narrativas. Por ello, la respuesta debe ser cultural antes que meramente retórica. Organizar a los artistas implica fortalecer la capacidad crítica de la sociedad y disputar el sentido común que legitima la exclusión, la guerra y la subordinación.
La asamblea concluyó con un llamado a que el arte no sea ornamento del poder, sino conciencia del pueblo. Que la cultura no sea espectáculo despolitizado, sino espacio de reflexión y acción colectiva. No se trata de imponer una visión única, sino de garantizar que el derecho a imaginar futuros distintos permanezca vivo y activo.
La constitución del Frente de Artistas contra el Imperialismo y el Fascismo marca el inicio de una convergencia cultural permanente. En tiempos donde la manipulación mediática y la homogeneización cultural intentan estrechar el horizonte crítico, la organización artística emerge como defensa ética de la dignidad, la soberanía y la paz.
Porque los pueblos que cantan, piensan.
Los pueblos que piensan, cuestionan.
Y los pueblos que cuestionan, construyen historia.