El jefe del Partido Democracia Plena, Raymundo Rivera Lopeztiana, condenó lo que calificó como una “vil mentira legislativa” contra la clase trabajadora, al advertir que la propuesta de reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales, sin garantizar dos días reales de descanso, constituye una simulación que puede abrir la puerta a nuevas formas de abuso patronal.
De acuerdo con su posicionamiento, reducir el número formal de horas sin blindar el descanso efectivo ni limitar de manera estricta la extensión de horas extraordinarias no representa un avance social, sino una reconfiguración del mismo esquema de explotación bajo un nuevo discurso.
> “No se puede hablar de dignidad laboral si se reduce en papel la jornada, pero se amplía la posibilidad de extender horas extra de 9 a 12. Eso no es progreso; es normalizar el desgaste humano. Los trabajadores no necesitan maquillaje legal: necesitan tiempo real para vivir.”
Rivera Lopeztiana subrayó que la clase trabajadora no lucha únicamente por salario, sino por tiempo, el recurso más valioso y el más sistemáticamente expropiado. El derecho al descanso no es accesorio; es un principio reconocido en la legislación laboral internacional y en los convenios de la Organización Internacional del Trabajo.
Democracia Plena sostiene que cualquier reforma auténtica debe contemplar:
– 40 horas efectivas con dos días de descanso obligatorios e innegociables.
– Límites estrictos y excepcionales a las horas extraordinarias.
– Supervisión real para evitar coerción patronal disfrazada de “acuerdos voluntarios”.
– Sanciones contundentes a empresas que incumplan.
“El trabajador no es una máquina disponible 12 horas al día. Es padre, madre, hijo, estudiante, ciudadano. Sin tiempo para la familia y el descanso, no hay democracia plena posible”, afirmó el dirigente.
El partido advierte que las reformas laborales no pueden construirse para satisfacer cálculos empresariales ni presiones corporativas. Deben responder al mandato constitucional de proteger la dignidad humana en el trabajo.
Democracia Plena reitera que la verdadera transformación laboral no es retórica: es estructural. Y comienza por devolverle a la clase trabajadora lo que históricamente se le ha arrebatado: su tiempo de vida.