El Partido Democracia Plena observa con preocupación la forma en que ciertas autoridades presumen una supuesta “eficiencia” institucional cuando se trata de casos mediáticos, mientras esa misma diligencia desaparece frente a asuntos de mayor gravedad estructural y responsabilidad política.
La pronta detención de la mujer involucrada en el arrollamiento de un motociclista en la Ciudad de México contrasta de manera evidente con la inacción sistemática en investigaciones que afectan directamente al interés público: el entramado del llamado cártel inmobiliario en la alcaldía Benito Juárez; los contratos opacos y presuntamente irregulares en la alcaldía Cuauhtémoc; y los crímenes que han cobrado la vida de personas allegadas a la jefatura de gobierno, entre muchos otros casos que permanecen en la impunidad.
Esta disparidad no es un problema operativo, es un problema político. La justicia selectiva no es justicia; es administración del escándalo. Cuando el aparato del Estado actúa con velocidad solo en casos de bajo costo político y se paraliza ante redes de poder, corrupción o responsabilidad de élites gobernantes, se confirma que la “eficiencia” no responde al mandato ciudadano, sino a cálculos de conveniencia.
El jefe del Partido Democracia Plena, Raymundo Rivera Lopeztiana, condenó esta lógica con claridad:
> “Presumen eficiencia cuando el costo político es mínimo, pero esa misma eficiencia desaparece cuando se trata de investigar a quienes han gobernado, saqueado o encubierto desde el poder. Si hiciéramos la lista completa de los casos ignorados, sería interminable. Eso no es incapacidad: es complicidad.”
Democracia Plena sostiene que la seguridad, la procuración de justicia y el combate a la corrupción no pueden funcionar como espectáculos selectivos, sino como políticas públicas integrales, con prioridad en los delitos que más daño causan al tejido social y a la credibilidad institucional.
La ciudadanía no necesita detenciones ejemplarizantes aisladas. Necesita verdad, investigación real y consecuencias para quienes han hecho del poder un negocio.
La democracia no se degrada solo cuando se viola la ley, sino cuando se aplica de manera desigual.
Democracia Plena no normaliza la impunidad ni el cinismo institucional.