El Partido Democracia Plena reafirma que la Constitución de 1917 no es un documento ceremonial ni una referencia retórica: es un pacto vivo de soberanía, autodeterminación y control nacional de los recursos estratégicos. A 109 años de su promulgación, su vigencia se mide no en discursos, sino en decisiones concretas frente a las presiones externas y a los intereses transnacionales.
Desde esta perspectiva, el partido fija una postura clara y sin ambigüedades frente al inicio de los trabajos México–Estados Unidos en materia de minerales críticos, particularmente el litio. Dichos acercamientos, bajo la conducción de Marcelo Ebrard, representan una desviación grave de los principios constitucionales que consagran la propiedad de la Nación sobre sus recursos naturales.
El litio fue nacionalizado por el presidente Andrés Manuel López Obrador como un acto explícito de soberanía y defensa del interés público. Cualquier intento de reencuadrar ese recurso estratégico bajo supuestos “acuerdos multilaterales” o esquemas de cooperación que diluyan el control nacional constituye, en los hechos, una forma de entrega encubierta. No se trata de cooperación internacional legítima; se trata de subordinación.
El jefe del Partido Democracia Plena fue categórico al señalar que, a diferencia de otros actores políticos, su organización ha salido al mundo a defender a México, no a negociar su patrimonio ni a comprometer su soberanía. “Nuestras alianzas estratégicas internacionales existen para que se respete a nuestro país, no para entregarlo”, sostuvo, subrayando que quien actúa en sentido contrario se coloca fuera del marco ético y político de la Constitución.
En ese contexto, el partido cuestiona de manera directa si la presidenta Claudia Sheinbaum permitirá que continúe una línea de acción que contradice la nacionalización del litio y erosiona la soberanía económica. La Constitución no admite dobles interpretaciones: los recursos estratégicos no son moneda de cambio diplomática ni ficha de negociación geopolítica.
Para Democracia Plena, la lealtad a la Constitución implica tomar decisiones firmes. La defensa de la soberanía no es negociable, ni interna ni externamente. México no necesita intermediarios que hablen en nombre de intereses ajenos; necesita representantes que comprendan que la integración internacional solo es legítima cuando se da desde la dignidad, la igualdad entre naciones y el respeto absoluto a la autodeterminación.
A 109 años de la Constitución, el Partido Democracia Plena reafirma su compromiso con un principio irrenunciable: México se defiende, no se entrega.