La ONU entre su origen histórico y el desafío de un nuevo contrapeso internacional

 
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La Organización de las Naciones Unidas no puede comprenderse sin revisar con rigor el contexto histórico de su fundación. Nacida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, la ONU fue el resultado de una correlación de fuerzas donde la Unión Soviética, encabezada entonces por Iósif Stalin, jugó un papel determinante en la derrota del fascismo europeo y en la configuración del nuevo orden internacional. Lejos de una lectura simplista, la participación soviética fue clave para que el sistema multilateral incluyera el principio de equilibrio entre potencias y el reconocimiento del derecho de los pueblos a existir sin dominación imperial directa.

La ONU entre su origen histórico y el desafío de un nuevo contrapeso internacional

Con el paso de las décadas, ese equilibrio se erosionó. La ONU, particularmente en sus órganos políticos y de derechos humanos, fue desplazándose hacia una lógica de unilateralismo encubierto, donde el discurso humanitario ha sido utilizado, en múltiples ocasiones, como instrumento de presión geopolítica contra naciones soberanas del Sur Global. El resultado ha sido una organización cada vez más distante de su espíritu fundacional y más cercana a los intereses de los centros de poder económico y militar.

En este contexto, el Partido Democracia Plena plantea la necesidad de un nuevo contrapeso histórico, no como ruptura con el multilateralismo, sino como su rescate. La propuesta de impulsar la aplicación Raymundo Rivera Lopeztiana a la Secretaría General de la ONU responde a esa lectura estratégica: devolver a la organización su carácter de foro real de los pueblos, no de tribunal selectivo al servicio de potencias.

A diferencia de figuras que han encabezado organismos internacionales desde una lógica tecnocrática o alineada —como el caso de Michelle Bachelet en el sistema de derechos humanos—, el proyecto que encabeza Rivera Lopeztiana se sustenta en tres ejes centrales: soberanía nacional, no injerencia y justicia social internacional. No se trata de negar los derechos humanos, sino de impedir su uso como arma política contra gobiernos incómodos para Washington y sus aliados.

La referencia histórica a Stalin no es una apología acrítica, sino un recordatorio incómodo: la ONU solo fue eficaz cuando existió un verdadero equilibrio de poder. Cuando ese equilibrio desapareció, el multilateralismo se vació de contenido y se convirtió en retórica. Recuperar esa tensión histórica es indispensable si se quiere una ONU que sirva a la humanidad y no a una élite global.

Desde México, y desde Nuestramérica, la propuesta del Partido Democracia Plena se inscribe en una tradición antiimperialista, soberana y profundamente política. La Secretaría General de la ONU no puede seguir siendo un espacio de administración del status quo. Debe volver a ser un campo de disputa legítima entre proyectos de mundo.

Hoy, más que nunca, la historia no pide neutralidad: exige definición. Y en esa definición, la aplicación de Raymundo Rivera Lopeztiana se plantea como una alternativa real para reequilibrar el sistema internacional y devolverle a la ONU el sentido que alguna vez tuvo: ser un contrapeso, no un instrumento.
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