En el marco del natalicio de José Martí, y a la luz del centenario del natalicio de Fidel Castro, el jefe del Partido Democracia Plena, Raymundo Rivera Lopeztiana, fijó un posicionamiento claro y sin ambigüedades desde la acción antiimperialista realizada hoy frente a la exembajada de Estados Unidos en la Ciudad de México.
Martí nos legó la ética de la dignidad como trinchera; Fidel la convirtió en práctica histórica frente al imperio. No son estampas del pasado: son brújula para el presente. Cuando Martí advirtió sobre el monstruo, habló de dominación económica, cultural y política. Cuando Fidel resistió el cerco, demostró que la soberanía no se mendiga: se ejerce.
La movilización de hoy no fue ritual ni consigna hueca. Fue una toma de postura contra el bloqueo criminal impuesto a Cuba, una política de castigo colectivo que viola el derecho internacional, asfixia a un pueblo y pretende rendirlo por hambre. Condenamos también la continuidad de las agresiones imperialistas contra los pueblos de Nuestra América, diseñadas para fragmentar, disciplinar y extraer.
Aquí no se trata de nostalgia ideológica. Se trata de principios operativos: autodeterminación, justicia social y cooperación solidaria entre pueblos. El bloqueo no es un “diferendo”; es una arquitectura de guerra económica. La neutralidad, frente a eso, es complicidad.
Desde México, afirmamos con claridad: Cuba no está sola. Nuestra América no es patio trasero ni mercado cautivo. Es un sujeto histórico en disputa que exige respeto. La democracia sin soberanía es simulación; la soberanía sin justicia es privilegio. Por eso, al honrar a Martí y a Fidel, no bajamos la voz: la afilamos.