La jornada de hoy en la Reunión Preparatoria de Alto Nivel de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua 2026 confirma una realidad insoslayable: el debate global sobre el agua ha dejado de ser técnico para convertirse, de manera irreversible, en un debate político, democrático y de soberanía.
Nuestra participación se dio en los espacios de diálogo sobre agua para los pueblos, agua para el planeta y fortalecimiento de la participación, donde quedó claro que los esquemas actuales de gestión hídrica siguen reproduciendo desigualdades estructurales, especialmente en los países del Sur Global. La mercantilización del agua, la captura corporativa de los bienes comunes y la subordinación de los Estados a intereses privados continúan siendo los principales obstáculos para garantizar el derecho humano al agua.
Desde Democracia Plena sostenemos que no puede existir gobernanza hídrica legítima sin democracia real, ni democracia posible cuando la soberanía económica y territorial está condicionada por el capital. El agua no es una mercancía, es un derecho, un bien común y un pilar de la vida colectiva. Privatizarla es debilitar al Estado, erosionar la cohesión social y profundizar la exclusión.
La jornada de hoy también evidenció la necesidad urgente de repolitizar la discusión, de pasar del discurso declarativo a compromisos vinculantes que reconozcan el agua como eje de justicia social, paz y autodeterminación de los pueblos. En ese marco, nuestra presencia no es testimonial: es una afirmación política de que existen voces dispuestas a decir lo que otros evitan decir.
Mañana presentaremos la Declaración “Agua, Democracia y Soberanía”, como una contribución política concreta al proceso rumbo a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua 2026. Lo hacemos con la convicción de que el derecho al agua jamás debió ser arrebatado y de que recuperarlo es una tarea histórica impostergable.
Democracia Plena participa con claridad, con determinación y con responsabilidad internacional. El agua, la democracia y la soberanía no se negocian. Se defienden.