La oposición padece una alarmante amnesia política. Quienes hoy se rasgan las vestiduras acusando autoritarismo, ayer —cuando detentaban el poder— impulsaron exactamente lo que hoy dicen combatir.
No se les ha olvidado: fueron ellos, el PRI oficial y sus aliados, quienes buscaron controlar los procesos electorales, eliminar las representaciones plurinominales, regular y criminalizar la protesta social, y concentrar el poder político bajo el discurso del “orden” y la “gobernabilidad”. Eso está documentado, legislado y vivido por la ciudadanía.
Hoy pretenden construir una narrativa de dictadura para hacer propaganda contra un régimen que, sin ser perfecto ni estar exento de críticas, es objetivamente menos regresivo que el que ellos encabezaron. No hay autoridad moral para hablar de libertades cuando se intentó restringirlas desde el Estado. No hay legitimidad para hablar de democracia cuando se gobernó desde el fraude, la represión y el saqueo institucional.
Que no confundan a la sociedad: no es defensa del autoritarismo señalar la hipocresía, ni es crítica responsable fingir demencia histórica. La democracia no se defiende con memoria selectiva ni con oportunismo electoral.
Desde Democracia Plena lo decimos con claridad: el país no está bien, pero estaría mucho peor con quienes ya demostraron que su proyecto era controlar, no democratizar. La ciudadanía no olvida, aunque ellos pretendan que sí.
Por una democracia con memoria, dignidad y verdad.