El Partido Democracia Plena considera una equivocación grave, políticamente irresponsable y éticamente insostenible el nombramiento de Francisco Garduño en los Centros de Formación para el Trabajo de la Secretaría de Educación Pública.
Independientemente de si su proceso administrativo o judicial se encuentra formalmente concluido o no, la discusión ya no es legalista sino política y moral. A estas alturas del deterioro institucional del país, los cargos de decisión no pueden seguir repartiéndose como premios de consolación, ni utilizarse como refugio para figuras cuya sola presencia erosiona la credibilidad del Estado.
La formación para el trabajo exige autoridad moral, sensibilidad social y compromiso con los derechos humanos. Colocar en ese espacio a un perfil profundamente cuestionado envía un mensaje devastador: que la responsabilidad pública es irrelevante, que la memoria social no importa y que el aparato del Estado puede ser ocupado por cualquiera, “hasta la mascota”, por decirlo de manera clara, siempre que sea funcional al poder.
Este tipo de designaciones confirman que el problema no es la falta de cuadros, sino la normalización del desprecio por la ética pública. Se gobierna como si la sociedad no entendiera, no recordara y no evaluara. Se apuesta al desgaste, al olvido y a la resignación.
Desde Democracia Plena sostenemos que la educación, la formación laboral y la reconstrucción del tejido social no pueden ser dirigidas por figuras que simbolizan lo contrario. Cada nombramiento es un mensaje político, y este mensaje es inaceptable.
El país no necesita más simulación ni reciclaje de perfiles impresentables.
Necesita responsabilidad, coherencia y un mínimo de dignidad institucional.
Democracia Plena lo señala con claridad: no todo lo legal es legítimo, y no todo lo posible es aceptable.