30 agosto 2025
- Se sentó en aquel banco como quien se rinde sin perder. La ciudad seguía girando: tranvías, prisas, gritos que no eran suyos. Pero él ya no quería formar parte del coro. Apagó las noticias, cerró las trincheras mentales, y dejó que el mundo pasara sin él.
- No era huida. Era descanso. Un acto de fe en lo invisible: el amor que no se grita, la familia que no exige, los amigos que no juzgan, la salud que no se mide en cifras, la empatía que no necesita titulares.
- Allí, en ese banco, entre adoquines y sombras, eligió vivir donde el ruido no llega. Y en ese silencio, por fin, se escuchó.
Fuente: elcaminoseestrecha.blogspot.com