Vayamos un tiempo atrás e imagina que tienes nuevamente 6 años. Es el momento de la cena y tu madre te ordena dejar de jugar con tu juguete favorito. En ese instante levantas el dedo y le respondes “No mami - sin titubeos con tus apenas centímetros de altura y mostrando seguridad -. Tengo derecho reconocido internacionalmente a jugar. Derecho!”. De seguro no solo tu madre quedaría sorprendida. Luego vendría la reprimenda. Y es que, aunque el escenario sea ficticio, ese niño en lo que dice tendría toda la razón. El jugar se lo considera un derecho. Uno de los
derechos de los niños.
El Derecho al Juego está contemplado en la Convención de los Derechos del Niño, en donde en su Artículo 31 inciso primero manifiesta: “Los Estados Partes reconocen el
derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al
juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”.
El juego es reconocido como un derecho fundamental que debe tener cualquier niño. Y esto parte desde el nacimiento. Ni bien nacemos, solo tenemos un 25% de nuestro cerebro desarrollado. El 75% del desarrollo cerebral ocurre después del nacimiento. Es el juego quien ayuda con este desarrollo estimulando el cerebro a través de la formación de conexiones entre las células nerviosas.
Los beneficios y necesidades del juego son múltiples y aquí resumimos algunos de ellos:
• Permite explorar y dar sentido al mundo que nos rodea. Es a través del juego tocando y experimentando, en un ambiente seguro, donde reconocemos el mundo exterior y nos vamos reconociendo a nosotros mismos. La curiosidad por lo distinto, lo nuevo, nos permite aprender. Aquí a su vez es donde desarrollamos nuestra
imaginación y
creatividad. Es en el juego cuando comenzamos a pensar de manera abstracta.
• El juego nos permite mejorar nuestras competencias motoras. Las
habilidades motoras finas son acciones como ser capaz de agarrar, sostener, mover un lápiz Las habilidades motoras gruesas son acciones como gatear, caminar, saltar o correr. Manipular materiales o usar juguetes puede parecer muy sencillo en un adulto. Sin embargo, son en los primeros años de nuestras vidas donde desarrollamos estas habilidades motrices que sientan base para nuestro futuro.
• Jugar también nos ayuda a
desarrollar el lenguaje mientras que nos permite aprender a
comunicar emociones. Es la primera oportunidad para aprender habilidades que nos ayudan a desarrollar la
autoconfianza y la capacidad de recuperarnos ante contratiempos. Por ejemplo, cuando niños podemos sentirnos orgullosos al apilar cubos y decepción cuando el último cubo hace caer la pila. El juego nos da el ambiente propicio para expresar nuestras experiencias y frustraciones.
• En su complejidad, los juegos nos ayudan a vincularnos con las demás personas. Nos permite aprender a
forjar vínculos, a compartir y resolver conflictos. Reconocemos que no estamos solos y que existen otras personas con quien convivimos. Cuando de niños pasamos de un mundo centrado en nosotros mismos a una comprensión de la importancia de las reglas, comenzamos a jugar juegos con reglas. Los juegos con reglas nos enseñan de niños el concepto que la vida tiene pautas que cada uno debe seguir. Los deportes son un claro ejemplo. Es aquí mismo donde también aprendemos lo que es el
trabajo en equipo.
Desde desarrollo físico, neuronal, a habilidades emocionales y sociales. El juego es un aspecto fundamental en la vida de todo niño y es por esto que nunca debemos olvidar que, así como es un derecho reconocido internacionalmente, debe ser una prioridad en la vida de cada uno de ellos.