Mario Fernando Patiño del Valle una historia de Vida fascinante

 
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Este Nariñense desde muy chico adquirió el gusto por la música y los instrumentos, formó su primer grupo a los 12 años con su padre como guitarrista lírico y sus dos hermanos. Se graduó como bachiller en el Colegio Militar Colombia y motivado por servir a la patria ingresó a la Escuela Militar de Cadetes en Bogotá; pero encontró que su futuro no estaba en la espada sino en las artes, por lo cual decidió retirarse e incursionar en ese mundo de las artes: la música y la pintura. Conformó grupos como Aire Libre en Bogotá, fundó el grupo Damawha; al tiempo que estudió Administración Financiera. Salió de regreso a la capital para encontrar un trabajo que se hizo esquivo; por lo que abrazo el sueño americano y empacó sus maletas rumbo a Houston Texas, con la esperanza de encontrarse con su tío; aquel que nunca apareció, que jamás contestó el teléfono y que no vivía en la dirección indicada. Entonces se encontró, solo en una ciudad extraña, sin conocidos y sin rumbo y con solo 300 dólares en el bolsillo empezó a divagar por las calles. Fueron tiempos difíciles, el dinero le alcanzó para pagar unos días un hotel de mala muerte y al terminarse la plata tuvo que dormir en la calle, a las afueras de una iglesia Bautista.
Sin visa de trabajo y sin hablar inglés recibió muy poca ayuda salvo la de un árabe y una señora caritativa; luego tuvo que acudir al reciclaje, trabajar como obrero, locutor, embarcarse en el mar de Alaska en barcos pesqueros.
Finalmente se radicó en San Francisco california, donde logró estudiar para chef en el Hispanic Gastronomy Institute, obteniendo la posibilidad de trabajar en el hotel Hyatt durante ocho años. Sin embargo, debido a un accidente en auto se lastimó la columna y lo incapacitaron de por vida; pero obtuvo a través del seguro social una pensión de por vida.
Pero Mario no se quedó quieto y entonces volvió a refugiarse en la música y formó el grupo Illary de música andina con unos amigos ecuatorianos, con quienes viajó por mucho tiempo por casi todo Estados Unidos y a otros países como Alemania y China. Finalmente, el grupo se desintegró, pero él no se quedó quieto. Luego conformó la orquesta La 24 de Colombia, interpretando toda clase de géneros musicales que estuvieron vigentes desde el año 2015 hasta antes de la pandemia del COVID-19; pero sería en la conjugación con la gastronomía donde cumpliría todos sus sueños, al montar su propia empresa móvil con la “parcerita”, cuya filosofía era vender comida típica colombiana y hacer que nuestros paisanos tuvieran un poquito de nuestra gastronomía lejos de su patria, siendo a la vez profesor de gastronomía del centro de gastronomía latino en San Francisco. En la actualidad busca a través de una alianza publico privada montar unos comedores públicos en Colombia para atender a las poblaciones menos favorecidas, situación que no ha sido fácil debido a los intereses particulares y a la corrupción pública.
Ahora ayuda a latinos y colombianos qué abrazan el sueño americano a la vez que realiza de manera virtual serenatas y eventos para Colombia.


La historia de Mario representa la radiografía de muchos migrantes colombianos que como él no le tienen miedo al fracaso y que tras atravesar toda suerte de barreras nada los detiene hasta lograr sus anhelos y en ese propósito superarse como personas sin olvidar sus raíces y a los suyos.
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