Este mensajero no tenía idea de lo que había repartido por más de 10 años a este domicilio

 
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Esta historia de un secreto muy bien guardado por años es absolutamente conmovedora y habla por sí misma.

Este mensajero no tenía idea de lo que había repartido por más de 10 años a este domicilio

“Desde que tenía 12 años, siempre me enviaban una rosa blanca el día de mi cumpleaños. No había ni una carta ó un aviso y ni siquiera el mensajero me podía decir de quién provenía. Después de un par de años me di por fin por vencida, por seguir tratando de averiguar quién era el misterioso remitente y me concentré en disfrutar cada año de las hermosas rosas que recibí.

Pero en mi cabeza, ni siquiera me hice en alguna ocasión alguna idea ó fantasía de quién podría ser el remitente. Tal vez dedicaba algunos momentos en ese día a soñar: ¿Será alguien que está totalmente fascinado conmigo, pero que es muy tímido para mostrarse?, ¿Un excéntrico que disfruta como nadie los secretos? ¿Tal vez incluso algún joven, por el que yo suspiro? Fue maravilloso rodearme de esos pensamientos en aquellos días.

Mi madre incluso a menudo trataba de ayudarme a descifrar el acertijo, también se divertía mucho. Me preguntó si tal vez yo le había hecho algún favor a alguien y esta persona quería simplemente agradecerme en secreto – la señora de al lado a la que le había ayudado a cargar la compra de la casa, ó el abuelo al que había llevado su correo a casa en el frío invierno por ejemplo. Mi madre siempre me ayudaba a fantasear, pues para ella era muy importante que yo fuera una persona creativa y que me sintiera siempre amada.

Pero también tuvimos que pasar por tiempos difíciles. Un mes antes de graduarme del colegio, mi padre murió debido a un derrame cerebral. Mis sentimientos eran una mezcla de tristeza, soledad, miedo e ira, puesto que él nuca se había perdido ningún momento especial en mi vida. Perdí todo el interés en mi graduación y el típica fiesta del colegio, a pesar de que no había otra cosa en la que hubiera pensado más en los años anteriores.

Mi madre no quería saber tampoco nada al respecto, pues estaba profundamente sumida en su dolor. El día antes que mi padre muriera, habíamos ido de compras a comprar un vestido para la fiesta, que era increíblemente bello, pero lamentablemente muy grande. En el día del fallecimiento, obviamente había borrado todo de mi cabeza. Pero mi madre no lo hizo. El día antes de la fiesta de graduación, el vestido estaba sobre mi cama – en la talla perfecta.

Para ella siempre era importante, como me sintiera yo. Ella nos enseño, que aún en los momentos más difíciles, feos y duras situaciones, siempre existiría algo bonito. En ese sentido, siempre nos tendríamos que ver como una rosa: suave, fuerte, con un aura luminosa, mágica y misteriosa.

Lamentablemente, ella murió cuando yo tenía 22 años, solo unos pocos días antes de casarme. A partir de ese día ya nunca más recibí de nuevo una rosa blanca”.

Fuente: www.nolocreo.com
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