Éramos felices y no lo sabíamos

58.54% credibility
 
Related

CURSO GUSTAVO MATAMOROS UNA NUEVA GENERACION

ANONIMO
312 points

Investigación: Desaparición de niñas, niños y adolescentes en Tláhuac entre la omisión y rezago

ANONIMO
630 points



Most recent

¿Podrá un solo sentimiento noble acabar con la obsolescencia social, intelectual, moral y cultural?

Enrique TF-Relatos
10 points

Mujeres y hombres interesantes

Enrique TF-Relatos
10 points

Cincuenta años del álbum Mediterráneo, de Joan Manuel Serrat.

Pablo Emilio Obando Acosta
28 points

Etek nombra a Carlos Rodríguez nuevo líder de asesoramiento consultivo

Tecnologia
6 points

Vacunas COVID-19: Margarita del Val explica por qué no habrá inmunidad de rebaño

Enrique TF-Noticias
56 points

Alerta: La inmunosenescencia o por qué vacunarte cuando eres mayor

Enrique TF-Noticias
30 points

Padre y minero, desde las entrañas de la tierra

Image Press
6 points

Mi amor por la fotografía, mi Babilonia, las Púnicas y el necesario despertar del Cóndor

Enrique TF-Relatos
8 points

LOS SUEÑOS REFLEJAN MÚLTIPLES RECUERDOS Y ANTICIPAN ACONTECIMIENTOS FUTUROS, SEGÚN CONFIRMA ESTUDIO

Enrique TF-Noticias
262 points

Nosotros somos los tiempos: Verano caliente... "On the beach"

Enrique TF-Relatos
8 points
SHARE
TWEET

 Éramos felices y no lo sabíamos


Solo en mi habitación mientras me secaba luego de una ducha, me senté en la cama a pensar. Luego de meses encerrado, habituado a un confinamiento que he aprendido a soportar, donde da igual si es sábado o martes, reflexioné sobre cómo nos ha cambiado la vida. Hemos perdido algo tan humano como la cercanía, el delicioso tumulto, caminar en una calle atestada de gente, ir a un bar repleto o a un restaurante lleno y sentir esa agradable sensación de proximidad con el otro, sensación que muchas veces rechazábamos.

Sentí ganas de ir caminando hasta un restaurante árabe a gastarme la plata no tengo, saborear una buena comida y seguir sin afán a ver las vitrinas de las tiendas de esa curiosa moda urbana bogotana sobre la Séptima con cincuenta y cuatro, luego pasar a algún barsucho de rock de esos de la Trece, tomarme un par de cervezas observando personajes curiosos hablar estupideces interesantes y de pronto, quizá, conocer a alguien con quien hablar de algo, de cualquier cosa. Luego ir a alguno de esos bares bizarros de Bogotá donde ser normal es lo anormal y simplemente disfrutar al ver cómo la gente se deleita con la música. Finalmente regresar a casa en un taxi feo con un delicioso hedor a guardado en medio de un trancón a la una de la madrugada luego de una noche de viernes. Éramos felices y no lo sabíamos.

Pero todo eso lo hemos perdido, perdimos esa vida social que por superflua y frívola que fuera era deliciosa. Me vestí, me puse cualquier cosa, qué más daba. Me senté en el compu a trabajar un rato pero en el fondo sentí un profundo amor por Bogotá y extrañé esa ciudad insegura, congestionada, de gente afanada y malhumorada pero también esa ciudad de miles de restaurantes interesantes e innovadores hoy cerrados, esa ciudad de los teatros, de la ciclovía de los domingos llena de gente que que cree que hace deporte; esa ciudad de las universidades cercadas por bares, esa ciudad diversa, tolerante y vanguardista; esa ciudad con su propia moda irreverente y sus bandas de rock; esa ciudad de costeños, caleños, boyacenses, negros pacíficos y venezolanos que han venido a hacer su vida; esa ciudad de rayos de sol que al terminar la tarde chocan con las casas y edificios ocres de Teusaquillo; esa ciudad de los cafés donde va gente a hacer nada o esa ciudad donde en cada esquina de barrio hay una panadería o una peluquería; esa carrera Séptima llena de ventas raras en el piso que nunca se venden pero que siempre están ahí, y sobre todo, extrañé esa Bogotá de jóvenes inconformes y dignos que tanto me enorgullecieron hace poco cuando llenaron las calles y que hoy están encerrados.  La verdad tuve una rara sensación como si el mundo se estuviera acabando de a pocos y no nos diéramos cuenta, lloré un poquito y seguí trabajando.

Sé que esta es una descripción chapineruna del confinamiento y que nada tiene que ver con la gente del sur que está mortificada por tener que irse a dormir con hambre, y que su angustia no es tan simple como no poder hacer nada un viernes en la noche, pero esta es la pandemia que me tocó vivir. Con esta gente empobrecida y condenada a la miseria hoy siento más proximidad que nunca y me da mucha pena que la pandemia nos haya cogido con esta sociedad desigual de mierda.

Dicen que “nada volverá a ser igual”, pues la verdad no lo creo, pienso que esto pasará y todo volverá a ser como antes, aunque primero vendrá una crisis económica peor que la pandemia, sé que Bogotá volverá a ser esa ciudad que hoy extraño.

@GabrielPacheco
Miembro de número del Centro de Pensamiento Libre

Crédito de la foto: Twitter de Sergio Montero @sergemont
SHARE
TWEET
To comment you must log in with your account or sign up!
Featured content