Ética periodística en tiempos de covid19

 
Related

¿Nos ganó la corrupción en Nariño? - Gerencia Covid19

Pablo Emilio Obando Acosta
1090 points

BASQUETBOLISTA GUSTAVO LINDO DE ARMAS DEBERÁ RESPONDER ANTE JUZGADO 32 PENAL

Pablo Emilio Obando Acosta
292 points



Most recent

El guaperas del Z4, la vieja caradura de la cola del pan y la cháchara diaria

Henri Monzó Catalá
14 points

POR QUE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE COLOMBIA ORDENÓ LA DETENCIÓN DOMICILIARIA A ÁLVARO URIBE ?

PENSAMIENTO LIBRE
170 points

DIAN ADICIONA PROCESOS DE DEBIDA DILIGENCIA A PROFESIONALES DE COMPRA Y VENTA DE DIVISAS

Carlos Eduardo Lagos Campos
6 points

Estructura organizacional: qué es y para qué sirve

Mis Noticia
12 points

Los cerrajeros no hacen solo servicios de cerrajería

Mis Noticia
16 points

VISIÓN CRÍTICA Y PRACTICA LA DE JUSTICIA MODERNA

Carlos Eduardo Lagos Campos
306 points

Rusia aprueba su vacuna contra el coronavirus entre el escepticismo general y sin completar los ens

Henri Monzó Catalá
10 points

La OMS advierte: los estudios de vacunas covid son esperanzadores pero "puede que nunca haya un re

Henri Monzó Catalá
602 points

Abra rebrote y lo lamentaremos, advierte un vidente Chieno

Periodista 2014
878 points

SUPERFICIE DE UN CELULAR PUEDE CONTENER 25 MIL 127 BACTERIAS

Technews
520 points
SHARE
TWEET
Es bueno reconocer la inmensa e invaluable labor del periodismo colombiano que ha permitido y ha facilitado importantes denuncias contra algunos gobernadores y alcaldes que han querido hacer fiestas con el presupuesto destinado a mitigar las manifiestas urgencias sociales que mayoritariamente recaen sobre sectores vulnerables y que viven de la economía informal. Millonarios recursos que estuvieron a punto de caer en manos de gobernantes inescrupulosos se recuperaron, merced al valor y compromiso de comunicadores sociales y periodistas que han hecho gala de su gran profesionalismo y compromiso social.

Ética periodística en tiempos de covid19

Pero, como en todo gremio, existen algunos lunares que francamente dejan mucho que pensar. Hemos visto a periodistas defendiendo lo indefendible, convertidos en una especie de esbirros o secuaces en su afán de ocultar información y de desinformar a la opinión pública. Se han convertido en cómplices de delitos de difícil ocultamiento y que, una vez confirmados, se constituirán en actos de claro e ilegal proceder.

Defender por ejemplo los sobrecostos millonarios en el transporte de kits alimentarios, de la existencia de productos de dudoso origen, de contratos con empresas piratas o inexistentes, de contratar con la familia del gobernador o del alcalde, de desaparecer misteriosamente actos administrativos, de jugar con el bienestar de tanto colombiano que realmente necesita de esos dineros para solventar las necesidades que en estos aciagos momentos los embargan y los confinan.

No es exagerado decir que para muchos periodistas su oficio se ha convertido en una especie de caja de resonancia de los corruptos, que los contratan por inmensas sumas de dinero, no para informar sino para encubrir los actos de corrupción. Tampoco es un exabrupto el decir que es la misma opinión pública la que debe sancionar y juzgar a estos periodistas que escudados en un micrófono, una cámara o una libreta de apuntes se la juegan toda para aumentar sus ilícitas riquezas.

Decía Juan Montalvo, ese digno escritor ecuatoriano que debió soportar estoicamente los ataques del dictador Moreno, que “Mi pluma no es cuchara”. Y merced a su férreo pensamiento y convicción escogió el destierro, la pobreza y la felonía de sus contemporáneos. Vivió en pobreza en la ciudad de Ipiales, recibiendo de vez en cuando alguna ayuda de sus amigos y admiradores. Pero, ese es otro cuento que debemos contar en alguna de nuestras columnas.

También es válido recordar a ese personaje literario y libresco como “El Tartufo”, producto de la mente brillante de Moliere, que gracias a sus argucias y temeridades seducía a damas y príncipes. Hasta que sus falacias fueron cayendo una a otra recibiendo el menosprecio que su proceder merecía.

Tal parece que algunos periodistas actúan inspirados por este personaje, unos verdaderos Tartufos que simulan servir a la verdad cuando en realidad son serviles de la mentira y la corrupción. Si bien es cierto que el periodismo no puede constituirse en un juez natural, también es cierto que tampoco puede convertirse en un cómplice inocente. Ese actuar que permite el despilfarro y el robo de cuantiosos recursos también puede y debe considerarse como un acto de confabulación, no roba pero facilita el robo, no se apropia de los recursos pero contribuye a hacerlo, no ordena gastos fatuos o innecesarios pero los justifica. La opinión pública cree en los periodistas y en muchas oportunidades esa fe facilita el actuar de los comerciantes del bien público.

Una pauta no puede constituirse en un silencio oportunista, pues es así como los corruptos juegan a la impunidad. Una cosa es la pauta y otra el comprar una conciencia para que con su omisión apruebe el actuar corrupto de un funcionario o un dignatario. Entendemos que el periodismo se nutre de la pauta, lo que no entendemos es la forma soez como se la pone por encima de la ética y el deber de informar.

Millonarios recursos se han dilapidado. Muchos están a punto de perderse. Y muchos más se derrocharán mientras el pueblo sufrido padece hambre en confinamiento. Esos muertos y esos momentos dramáticos de tantos seres, también podemos achacarlos a la responsabilidad de esos malos periodistas que eligieron hacer de su pluma una vil cuchara. Cómplices con algún poder que lo utilizan para engrosar sus arcas y encebar sus bienes.

Un reconocimiento a esos buenos periodistas que hacen suyo el dolor del pueblo, insobornables hombres que no se dejan seducir por una pauta o por un ofrecimiento dudoso. Ellos son la sal de la Tierra, el mejor homenaje a la verdad. La ética periodística no puede confinarse en una cuarentena moral.
SHARE
TWEET
To comment you must log in with your account or sign up!
Featured content