No se limitan a entornos electorales: las noticias falsas se han usado durante muchos siglos también en períodos bélicos o para justificar decisiones difíciles. Desde el origen de los tiempos, la difusión de información falseada ha sido un recurso útil para cualquier esfera de poder que buscara un objetivo
Existe un cierto consenso en definir las fake news como informaciones falsas, difundidas bien por los medios tradicionales, bien por las redes sociales, cuya finalidad es engañar o manipular al público para lograr determinados objetivos. Coincide con el concepto de desinformación, traducción literal del término ruso dezinformatsia, empleado por los soviéticos en los años veinte para referirse a las campañas de “intoxicación” que, según ellos, lanzaban los países capitalistas. Aparece en el diccionario de la lengua rusa de S. Ojegov en 1949, definida como “la acción de inducir a error mediante el uso de informaciones falsas”, y se populariza en 1980, cuando durante el juicio en París contra Pierre Charles Pathé, comentarista y editor de un boletín confidencial, el testimonio de un agente de la Dirección de Surveillance du Territoire (DST) da amplia difusión a las técnicas del KGB. En su libro de 1984 sobre este fenómeno, Shultz y Godson definen la desinformación como “presentar y difundir información deliberadamente falsa, incompleta y errónea (a menudo combinada con información verdadera), con el fin de engañar y manipular bien a las élites, bien a los públicos masivos (…) para lograr determinados objetivos”.
Fuente: telos.fundaciontelefonica.com