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Colombia perderá a Nariño como perdió a Panamá (Texto de Gustavo Alvarez Gardeazabal - 1974.

 
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Tomado de Revista Arco – 1974

Colombia perderá a Nariño como perdió a Panamá (Texto de Gustavo Alvarez Gardeazabal -  1974.


Decir que Pasto y Nariño pueden estar viviendo sus últimos años como territorio colombiano no es ninguna exageración, ningún cuento pastuso. Multitud de circunstancias se están uniendo para hacer viable esa posibilidad, pero Colombia, ni sus gobernantes, quieren darse por enterados y como cuando Panamá, la sorpresa va a ser mayúscula.

En esta oportunidad no será necesaria la presencia en Bogotá de ningún esclerótico Marroquín ni la existencia de ningún señor Caro Y mucho menos la villanía nunca castigada de un general Borrero. El mundo en 70 años ha cambiado mucho, se rige por valores diferentes, y actúa de manera práctica, menos romántica. Bastará la consolidación de una verdad de puño como la del enriquecimiento del Ecuador para qué sin los pastusos tener que salir en gestas heroicas, una región vitalmente rebelde encuentre su hilo de vida natural y abandone el artificial que de malas maneras se le ha mantenido. Pero cuando eso suceda (y aquí habría que decir como el poeta “y el día esté lejano”) es bueno que los colombianos, por acaso primera vez en su historia de ignominia, hagan una retrovisión de su proceder de siglo y medio con Pasto y Nariño, consideren que la segregación del Dpto. Del Sur se habrá debido a la rebeldía pastusa, la herencia de Agualongo o a que los pastusos son “pastusos” y alguna vez se salieran con la suya.

Muy pocas regiones, para no decir la única, han sufrido de tantas maneras la vesania del triunfalismo como lo ha sufrido Nariño. La presencia del sentimiento realista en sus calles, en su manera de ser, mientras todo el resto de Colombia aclamaba a Bolívar y los suyos que sembraban las semillas de la independencia, le ha sido cobrada a Nariño por 150 años, manteniendo esa región al margen del progreso nacional, (no otra cosa son los cuentos pastusos) y apelando a ella tan solo para los votos que tigrillos como Noriega necesitan el momentos cumbres del error democrático.

A la noción obligatoria de” traidores” que surgió de la existencia de guerrilleros realistas en su territorio y de apego a las costumbres españolas, se unió la de “pueblo
Peligroso” después de la muerte en Berruecos Sucre y Arboleda.

Los pastusos no hicieron ningún empeño en suprimir lo que era suyo ni en adoptar lo que a los triunfalistas del norte les agradaba . Y así, Pasto, Nariño, fueron formando una región aparte de nuestra geografía, de nuestra nacionalidad. Ni el Gobierno central, llámese así o Popayán o Bogotá, ni los pastusos llámense Sañudos o Buchelys hicieron algún empeño por desbaratar un statu quo que con los años iba fortificándose, aumentándose la distancia.

Hoy todavía subsiste -Por encima del progreso de los aviones y de una trocha que llaman carretera – más o menos el mismo sentimiento. Para ciertos historiadores no es más que la continuación de un proceso hispánico mantenido por el aislamiento y el buen recuerdo de las ventajas recibidas. La existencia de costumbres marcadamente peninsulares (por ejemplo la celebración del santo, la existencia de cofradías, como la “del señor atado a la columna”, etcétera ), la existencia de una tradición de sumisión y de una esperanza de redención, sirven para apoyar su teoría.

Para algunos antropólogos, la conjugación de dos razas, apabulladas, la de los Quillacingas, antiguos dependientes del Atahualpa sacrificado, esperanzados en una venganza contra el dominador asesino, y la de los pastusos criollos, realistas añorando la bienandanza de los días de los del régimen hispánico, hicieron del pastuso actual el sumiso y marginado colombiano que es.

Inclinándose más por la segunda, creo necesario agregar la existencia de un factor muy tropical: la venganza de los norteños con los últimos partidarios de España.

no de otra manera podrá entenderse que por cien años Pasto permaneció a ocho días de Popayán por los caminos de herradura que tuvieron mejor los Incas, y que si no hubiese sido por la guerra que los incapaces gobernantes del año 30 se inventaron con el Perú, a Pasto no habría llegado el primer vehículo hasta hace unos días. Fue necesario ese episodio ridículo de nuestra historia para que a las carreras, y para defender las presuntamente amenazada selvas colombianas, se construyera una trocha que por 40 años ha sido el único medio de comunicación terrestre con Nariño.

Sí esos factores no hubiesen existido, tampoco podrá entenderse por qué mientras la gran mayoría de las ciudades menores colombianas contaban con servicios muy aceptables de energía eléctrica, en Pasto solo existiera una empresa privada que prestara deficientemente ese servicio que parece que el resplandor del cráter del Galeras alumbrara más que todas las bombillas juntas del señor Bravo. Y solo hace unos 6 años, después de media docena de muertos conseguidos por protestar contra el Gobierno central representado en egregio gobernador y soberano comandante militar, a Pasto llegó la luz.

Pero ahí tampoco se detiene la historia de infamia que Colombia ha construido sobre Nariño. No bastó con mantenerlo aislado, no bastó con hacerle la mínima porción de desarrollo, no bastó con hacerle levantar los siete rieles del ferrocarril que comunica a la altiplanicie con el Pacifico. A los muchos cuentos crueles que sobre la falta de inteligencia del pastuso han hecho los norteños para signarlos eternamente como los exponentes de una minoría supuestamente estúpida, Colombia cambio el marginamiento por el engaño existiendo como existen, inmensas posibilidades de construcción de represas gigantescas en su territorio, de aprovechamiento de ellas para producción hidroeléctrica, construida para aparentar no para producir la energía necesaria al progreso.

La hidroeléctrica del Río Mayo es uno de esos robos inmarcesibles que el Estado colombiano se ha hecho en tantas partes (recordemos Calima). Presupuestada para 15 años de desarrollo, no alcanza a cubrir la red eléctrica de las manzanas de Pasto porque la turbina se llena de arena o la máquina no funciona o la caída no da tanta fuerza como debía darla. Manes del serrucho que todo lo pudre, pero “coincidencialmente” le correspondió a Nariño.

Con la carretera de Cali a Pasto y con la cacareada refinería qué coterráneos míos piensan arrebatarle a Nariño, está sucediendo casi lo mismo para llenar la copa que paralela a otras circunstancias producirá seguramente el estallido.

En Colombia se han demorado siempre las obras que el Estado costea. No ha habido contratista que no encuentre posibilidad de prorrogar el plazo ni Gobierno que pague a tiempo. Pero la carretera de Cali a Pasto, concretamente en el Sector de Popayán a Pasto, ha demorado tanto como inmenso ha sido el marginamiento nacional para Nariño, y muy seguramente cuando ella esté lista habrá que reconstruir un trecho de varias decenas de kilómetros porque si se construye el embalse del Patía el nivel del lago sobrepasará el de la carretera.

Con la refinería es difícil decir qué pasa. No estamos acostumbrados, contribuyentes y funcionarios de los impuestos, a las promesas repetidas de los gobernantes. A las actuaciones sobre la crisis para solucionar, no para prever, el complejo que refinará el petróleo del Putumayo y muy seguramente el del portentoso Ecuador (que nos administrará el combustible que nuestros secos pozos no darán más), y qué hace dos años se prometió a Tumaco, ha encontrado mil trabas, mil inconvenientes, mil caleños metidos en justas para que no se haga realidad.

Pero termínese o no la carretera, constrúyase o no la prometida refinería, Colombia debe hacer un esfuerzo mayor por captar para su nacionalidad, para su territorio, el marginado Dpto. de Nariño.

Si económicamente y anímicamente Nariño ha dependido del Ecuador, pobre y atrasado, sí geográficamente ha hecho parte del imperio de Atahualpa, no le quedará muy difícil hacer parte activa del imperio económico que brotará de las increíbles fuentes petroleras del país vecino y sin necesidad de salir a la calle y a los paros cívicos que solo Pasto y sus gentes saben realizar para conmover a la dormida conciencia colombiana, por simple inercia, por lógica, por falta de hilos de Unión, Nariño girará alrededor del Sol que más calor da.

Será entonces no solamente la venganza de Atahualpa, la venganza pastusa, sino la confirmación para los presumidos norteños (y lo digo yo como tal ) de que los inhábiles, los estúpidos, no eran los pastusos del cuento sino los muy astutos habitantes del Norte que por cincuenta años vivieron inventándose chistes para ridiculizar una región y una gente tanto o más capaces que cualquiera de nosotros.
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